En los treinta años de realización de estas cumbres anuales, cuyo propósito es construir acuerdos internacionales para frenar y gestionar el calentamiento global, la edición de este año, desarrollada del lunes 10 al viernes 21 de noviembre de 2025, quedará marcada como una de las que generó mayor desacuerdo. A continuación, te presentamos los elementos clave que dejó este evento.
El calor extremo se consolida como amenaza climática central
El calor extremo ya es una amenaza climática urgente. Las temperaturas aumentan y las olas de calor son más mortales. El Global Cooling Watch 2025 advierte que la demanda de enfriamiento podría triplicarse para 2050. El desafío es ofrecer refrigeración sostenible y accesible para todos.
Además, el informe señala que el estrés térmico podría eliminar 80 millones de empleos en cinco años. Más de mil millones de personas aún no tienen acceso a soluciones adecuadas. Esto aumenta los riesgos sanitarios y económicos.
Asimismo, los países firmaron el Comunicado de Belém sobre calor extremo. El texto define el calor como una amenaza estructural para el desarrollo. También propone tratar el enfriamiento como infraestructura esencial, igual que el agua o la energía.
Luego, los gobiernos reforzaron su participación en el Mutirão contra o calor extremo. Este programa ofrece evaluaciones de riesgo, soluciones basadas en la naturaleza y asistencia técnica. Ya participan más de 200 ciudades y 72 países.
Una coalición global para armonizar los mercados de carbono
Brasil reunió a líderes internacionales para impulsar la Coalición Abierta de Mercados Regulados de Carbono, con el fin de unificar estándares y conectar sistemas de comercio de créditos. El país destacó que los mercados regulados son clave para acelerar la descarbonización y asegurar una transición energética justa.
El compromiso fue aprobado por 18 naciones, incluida la Unión Europea, China y Noruega, que reafirmaron su apoyo a la iniciativa. Los representantes señalaron que la coalición fortalecerá la integridad ambiental y facilitará el intercambio de mejores prácticas para mejorar la transparencia y la efectividad en la reducción de emisiones.
Europa, entre la presión política y la pérdida de influencia
La Unión Europea tampoco logró imponerse. Quiso incluir un compromiso claro sobre los combustibles fósiles, pero quedó sin margen de negociación. Su influencia se redujo frente a bloques como BASIC y BRIC. Consecuentemente, el texto final fue débil. Hubo pocos avances sobre energía fósil y el compromiso financiero se aplazó hasta 2035.
El COP: un proceso que parece agotarse
La COP reactivó el debate sobre la eficacia de este modelo. Muchos delegados consideran que el proceso es lento y desconectado de la urgencia climática.
Las negociaciones técnicas y basadas en unanimidad ya no se adaptan al ritmo de la crisis. Incluso, Brasil quiso impulsar una COP centrada en la implementación, especialmente en energía. Sin embargo, no logró resultados claros.
Estados Unidos y China: influencias silenciosas, estrategias distintas
Mientras tanto, la ausencia del presidente estadounidense Donald Trump fortaleció a los países contrarios a limitar los combustibles fósiles. Rusia y Arabia Saudita aprovecharon este escenario para frenar propuestas más ambiciosas.
En cambio, China mantuvo un perfil bajo. Se enfocó en acuerdos comerciales y en consolidar su liderazgo en energías renovables, especialmente la solar.
En conclusión, el calor extremo ya es una prioridad mundial. Sin embargo, las divisiones políticas mostradas en la COP30 dificultan avanzar. La demanda de enfriamiento aumentará y su desigualdad también. El mundo necesita tecnología, financiamiento y voluntad política para que los acuerdos se conviertan en acción real.

