En 2025, la conversación climática en Ecuador dejó de ser una tendencia para convertirse en una gestión concreta. Cada vez más organizaciones miden su huella de carbono, fijan metas y comunican avances hacia la carbono neutralidad.
El eje articulador de este proceso es el Programa Ecuador Carbono Cero (PECC), que reconoce tres hitos fundamentales: cuantificación, reducción y neutralidad. Gracias a este esquema, las empresas cuentan con un camino claro y verificable. Este marco ha fortalecido la adopción empresarial y ha impulsado una cultura de gestión ambiental más rigurosa. (MAATE, 2021).
Además del marco nacional, la demanda internacional también marca el rumbo. La Unión Europea implementará el régimen definitivo del CBAM en 2026, lo que elevará los requisitos de información sobre emisiones incorporadas en importaciones. Para los proveedores ecuatorianos, esto significa una mayor presión por descarbonizar sus cadenas y reportar con estándares más robustos. (European Commission, 2025).
Oferta local de compensación: un antes y un después
Un hecho destacado fue la colocación de 20.000 unidades de carbono por parte del Municipio de Quito (EMGIRS-EP) en el registro del PECC. Gracias a ello, las empresas pueden compensar sus emisiones a nivel local, como complemento de sus reducciones internas.
Esta señal de mercado envía un mensaje claro: existen instrumentos y oferta nacional para cerrar la brecha hacia la neutralidad sin recurrir a proyectos fuera del país. (Quito Informa, 2025).
Confianza y credibilidad: el rol de los estándares
Para evitar el greenwashing, las empresas líderes están alineando sus declaraciones con la norma ISO 14068-1:2023. Este estándar prioriza la reducción real de emisiones y permite la compensación sólo después de aplicar acciones efectivas. Además, exige transparencia sobre los límites, inventarios y supuestos utilizados.
De esta forma, la ISO 14068-1 se ha convertido en la referencia principal para respaldar afirmaciones de carbono-neutralidad tanto en organizaciones como en productos. (ISO, 2023).
Lo que viene: de la intención a la ejecución
Entre 2026 y 2030, se espera una aceleración de la descarbonización. El PECC ya operativo brinda certidumbre a las empresas. Al mismo tiempo, las UCE locales facilitan la neutralización de los remanentes, y marcos internacionales como el CBAM transforman la acción climática en un requisito de acceso a mercados.
Con el efecto demostración en marcha, la carbono-neutralidad dejará de ser un simple sello para consolidarse como una gestión estratégica que protege ingresos, reputación y competitividad.
¿Cómo sumarse?
Cada vez más empresas dan el paso hacia la carbono-neutralidad, y el proceso es más claro de lo que parece. El punto de partida es medir la huella de carbono, siguiendo los lineamientos del Programa Ecuador Carbono Cero (PECC) y la norma ISO 14064-1. Esta medición permite conocer en detalle cuánto emite cada operación y en qué áreas hay mayor potencial de mejora.
Luego viene la acción: reducir las emisiones con un plan coste-efectivo que priorice la eficiencia energética, el uso responsable de combustibles, la gestión adecuada de residuos y compras sostenibles.
Una vez controladas las principales fuentes, el siguiente paso es compensar el remanente con Unidades de Compensación de Emisiones (UCE) generadas en el país. Así, las empresas pueden cerrar su balance de carbono apoyando proyectos locales de mitigación.
Finalmente, para comunicar con credibilidad, se recomienda declarar la carbono-neutralidad bajo la norma ISO 14068-1 y mantener verificaciones periódicas que respalden los avances.
En conjunto, estos pasos no solo reducen la huella ambiental, sino que también fortalecen la reputación, abren puertas a nuevos mercados y consolidan la confianza de clientes e inversionistas. (MAATE, 2025; ISO, 2023; Quito Informa, 2025).

